Fragilidad del viajero

En pleno invierno (un frío blanco y seco) me sorprende una melancolía viajera. Estoy en un tren, en viaje de trabajo, dos etapas y entremedio, un día libre pero casualmente incierto. La sensación de un hueco, una soledad que al no ser del momento, reverbera de algo fundamental – pertenecer.

Me sorprendo hasta caer en la cuenta de que no es un hueco, sino varios.

Los lugares de paso evocan vivencias importantes o no tanto; en cualquier caso eran vitales. ¿Y ahora? El pasado no está, las ausencias se notan dobles: con la libertad hay que hilar fino.

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